Hace un par de semanas, una estudiante me planteó unas cuestiones interesantes:
Varias veces Duolingo me dice que mis traducciones están mal, pero hoy hemos revisado mis dudas y mis respuestas están bien. A veces dudo hasta de mi inglés. He enseñado inglés por años, pero ahora ya no hay reglas. La gente habla como quiere, especialmente los jóvenes. Y, volviendo a Duolingo, siento que cuanto más avanzo, más errores tienen los ejercicios. ¿En español pasa lo mismo que en inglés? ¿Qué variante de español enseña Duolingo?
Ohhhh… Hay tanto que decir sobre este comentario con preguntas incluidas. En este artículo, comento sobre los cambios que experimenta un idioma, principalmente de una generación a otra, y en el siguiente artículo me he ocupado del tema de Duolingo. Empecemos por la primera pregunta, respecto a si en español también se observa una omisión de las reglas. La respuesta es sí, pero con matices. La lengua es un sistema dinámico y en constante cambio debido principalmente a dos razones: Uno, la adaptación natural de un idioma en su forma y sus significados a nuevas realidades y contextos. Hace 30 años la frase «Tengo mis archivos en la nube» sería completamente incomprensible y «Karen» era solo un nombre más. Y dos, el hecho de que cada generación hace «suyo» el idioma. En este aspecto, pasa como con la música, las personas de mayor edad tienden a no entender o a no estar de acuerdo con las preferencias de los más jóvenes, aunque alguna vez ellos fueron esos jóvenes que usaban o creaban las palabras de moda (mira el video para que te hagas una idea del español de la llamada generación Z). Ahora bien, hoy en día las redes sociales le dan una voz oral o escrita a todos, pero no todos se expresan siguiendo las reglas y, sea por descuido o real desconocimiento, hay más desviaciones de la norma a la vista y por eso este fenómeno parece incluso más pronunciado. Este cambio en las lenguas se observa desde dos perspectivas: la descriptiva y la normativa. Los sociolingüistas, desde su perspectiva descriptiva, no juzgan los cambios, solo los observan, los documentan y los estudian. En el bando opuesto están todos aquellos que observan los cambios desde una perspectiva normativa, es decir, si un enunciado sigue las normas que cuidan la estructura (y, por lo tanto, la continuidad) del idioma, ese enunciado es correcto; si no lo hace, es incorrecto. ¿En qué lado crees que nos encontramos mi alumna y yo si las dos somos profesoras de lengua? Exacto. Ambas pertenecemos al grupo que no solo busca aplicar la norma, sino hacer que otros la apliquen también. Esta visión normativa explicaría la impresión de mi alumna de que «ahora no hay reglas» para expresarse en inglés. Y eso que en inglés no se puede observar la cantidad de calcos importados al español, que vienen precisamente del inglés (!), gracias a que con la tecnología es mucho más fácil acceder a contenidos en este idioma y así, ya no tenemos una rutina de cuidado facial, sino de skincare; no es un equipo, es un team; no se saca una copia de respaldo, se saca un backup; y todo suena muy cool… quiero decir genial. Existen 24 Academias de la lengua española, una en cada país hispanohablante, y entre todas conforman la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). La más conocida de todas es la Real Academia Española, a cuyo diccionario y a cuyas normas recurrimos cuando queremos un respaldo oficial de que nos estamos expresando correctamente. La Academia no es indiferente a los cambios y a veces los oficializa porque una gran parte de la población hispanohablante ya ha integrado una determinada palabra en su forma de hablar cotidiana. En el caso de los extranjerismos, los incluye en el diccionario y sugiere sinónimos en español o una adaptación de la escritura o simplemente los toma tal cual sin sugerir adaptación alguna. Otras instituciones, como la Fundación del Español Urgente (más conocida como la Fundéu y, desde 2020, como la FundéuRAE, después de firmar un acuerdo con la Real Academia Española), es una excelente fuente para consultar dudas y confirmar el uso correcto de una palabra o expresión. Esto quiere decir que la Fundéu está de parte de la norma y por eso siempre sugiere la mejor alternativa en español, por ejemplo: emprendimiento, no emprendurismo ni emprendedurismo ni emprendeduría, patrocinador mejor que sponsor o espónsor, embarcarse en, no embarcarse a, alternativas para decir influencer, etc. Es una noble labor sin duda, pero a veces pasa desapercibida en el caso de los anglicismos. No sé ustedes, pero yo nunca he oído «subcontratación masiva voluntaria», pero sí crowdsourcing. ¿Quiere todo esto decir que el español, y otras lenguas, con todos los cambios generacionales y préstamos están en peligro de sumergir a sus hablantes y estudiantes extranjeros en un enredo lingüistico? No parece ser el caso. Los cambios más evidentes están a nivel léxico, es decir, de vocabulario, pero hay otro elemento mucho más estable: la sintaxis. Ese orden de las palabras y las características morfológicas de las mismas que suenan «naturales» en un idioma cambian mucho más lento. En el caso del español, por poner un ejemplo, tenemos el sufijo -ear para formar verbos a partir de nuevos elementos, como googlear, que luego se puede conjugar y si se usa en una oración, ocupará el lugar que usualmente le corresponde al verbo, por ejemplo: Voy a googlear el nombre científico de la manzanilla. Si alguien dijera: El nombre científico de la manzanilla voy a googlear, parecería raro. El nombre científico de la manzanilla googlear voy, está definitivamente mal en español. Ni Yoda con la ayuda de La Fuerza motivó a la mayoría de hablantes a cambiar el lugar del verbo. En todo caso, difícilmente veremos cambios gramaticales radicales a mediano plazo y probablmente nunca en nuestra vida. Y tú, ¿qué cambios has observado en tu idioma a lo largo de tu vida? ¿Qué palabras de moda conoces? Elena¿Realmente hay un caos lingüístico, especialmente en la juventud?
¿Cómo reaccionan los entes reguladores de la lengua?

